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En la última
edición de
New Scientist aparece en
la portada un trabajo de
Itzhak Bars, Físico de la
Universidad USC, que propone una
de esas teorías excéntricas que
podría acabar siendo una
genialidad si se confirma. Según
las investigaciones de Bars,
el Universo tendría dos
dimensiones temporales, y
no una como creemos: una
dimensión enteramente temporal y
otra espacial, que hasta el
momento han pasado completamente
inadvertidas.
Repasemos lo que sabemos hasta
ahora:
El primer modelo matemático para
el tiempo y el espacio lo
proporcionó
Isaac Newton (1687) en
sus Principios matematicos de
Filosofia natural . En este
modelo el tiempo y el espacio
constituyen un fondo donde
ocurren los sucesos.
El tiempo está separado del
espacio y por tanto no es
afectado por los sucesos que en
éste último se produjeran.
En este modelo el tiempo es como
una línea recta, como una
autopista, infinita en ambas
direcciones. El propio tiempo es
considerado eterno, siempre ha
existido y seguirá existiendo
siempre.
2
En 1915
Albert Einstein propuso
su
Teoría General de la Relatividad,
un modelo nuevo donde se
combina la dimensión temporal
con las tres espaciales para
formar un contínuo
espacio-tiempo. En este
modelo se incorporan los efectos
de la gravedad, y podemos decir
por tanto que el Universo no es
un plano, ya que está deformado
por la materia y la energía.
Podemos imaginarlo usando una
lámina de goma en la que
depositamos una gran bola de
acero: esta bola representa un
cuerpo cósmico con gran masa,
como el Sol. El peso de la bola
curva la lámina. Si ahora
hacemos rodar pequeñas bolas
sobre la lámina de goma, no irán
en línea recta, sino que sus
trayectorias serán desplazadas
por esta curvatura, girando
alrededor de la bola grande. De
esta manera es como funcionan
los campos gravitatorios, aunque
teniendo en cuenta que éstos
actúan en tres dimensiones
espaciales. Pero a diferencia de
la teoría de Newton, aquí
el tiempo está entrelazado con
el espacio, de manera que no se
curva el espacio sin involucrase
el tiempo. El tiempo
también adquiere forma. En la
relatividad general, el tiempo y
el espacio no existen
independientemente del Universo
o separadamente uno del otro.

Representación del efecto de
la gravedad - Imagen tomada
de iac.es
3
Y ahora para complicar las cosas
aún más, este científico propone
que el Universo no tiene una
dimensión temporal, sino dos.
Podemos decir que
el tiempo no sería la línea que
une el pasado con el futuro,
sino que según esta hipótesis en
realidad es una curva dentro de
.. ¡¡¡ seis dimensiones !!!,
cuatro espaciales y dos
temporales.
Y es que esto no es tan
simple... Una dimensión extra
del tiempo no es suficiente. Se
necesita además una dimensión
adicional del espacio. Es la
única forma para producir
ecuaciones que funcionen con la
nueva teoría.
Las dimensiones adicionales del
espacio no son algo nuevo. Los
científicos llevan trabajando
con ellas desde hace años
intentando
unificar la Teoría de la
Gravedad y la Teoría Cuántica,
las dos teorías parciales
fundamentales que utilizan los
científicos para describir el
universo. Recordemos que la
Teoría de la Relatividad General
describe la fuerza de la
gravedad y la estructura a gran
escala del Universo. La
Mecánica Cuántica, por el
contrario se ocupa de fenómenos
a escalas extremadamente
pequeñas. Pero hasta ahora estas
dos teorías son inconsistentes
entre sí. Falta algún eslabón
entre las dos...
Y ese eslabón podrían ser estas
dimensiones adicionales del
espacio, que serían tan
pequeñas que no las notaríamos,
algo así
como una billonésima de una
billonésima de un centímetro,
aunque algo tan pequeño como una
partícula subatómica sí que
podría detectar su presencia.
Según se cree
el
Big Bang que inició el
crecimiento del Universo hace 14
mil millones de años expandió
sólo tres dimensiones
espaciales, dejando el resto muy
pequeñas. Muchos teóricos de hoy
creen que existen hasta 11
dimensiones, 10 espaciales y una
temporal :esta es la llamada
Teoría M.
Evolución del
Universo desde el BigBang -
Imagen tomada de
20minutos.es
10Espaciales
+ 1Temporal
Pero lo que Bars nos propone es
una nueva dimensión temporal,
que podría tener importantes
consecuencias si esto fuera así,
ya que
habría que revisar los
principios fundamentales de la
física. Y entre las
consecuencias :
al dejar de ser el tiempo una
línea para convertirse en un
plano, éste podría enrollarse
sobre sí mismo, permitiendo los
viajes en el tiempo.
“Mi esperanza”, dice Bars, “es
que este camino que estoy
siguiendo me lleve al lugar
adecuado”.
Y es que para comprender el
origen y el destino del
Universo, necesitamos una
teoría cuántica de la
gravitación, una teoría
unificada completa y consistente
de todo el Universo.
¿Será esta formulación el
descubrimiento clave para una
teoría unificada? ¿Qué supondría
descubrir la teoría última del
Universo?
4Espaciales
+ 2Temporales
En palabras de
Stephen Hawking: “Si se
encontrase una teoría que fuese
matemáticamente consistente e
hiciese predicciones que
estuviesen de acuerdo con las
observaciones, llegaríamos al
momento cumbre de la lucha
intelectual por comprender el
Universo ... Aunque sólo sería
el primer paso hacia la
comprensión de lo que sucede a
nuestro alrededor y de nuestra
propia existencia”.
Fuentes:
El Universo en una cáscara de
nuez- Stephen Hawking
Barrapunto.com
4Fuerzas
En el Universo existen
cuatro fuerzas fundamentales: la
gravedad, la electromagnética,
la fuerza nuclear fuerte y la
fuerza nuclear débil.
La
teoría de la Relatividad
de Einstein consigue explicar
una de ellas, la gravedad.
La
Mecánica Cuántica explica
las otras tres.
La diferencia entre ambas
teorías es que la Relatividad
explica lo que sucede con
cuerpos masivos o muy grandes,
como el propio Universo,
mientras que la Teoría Cuántica
describe qué sucede con objetos
muy pequeños, como los átomos.
Sin embargo, ambas teorías
parecen excluyentes, aunque han
sido corroboradas
experimentalmente.
El objetivo de la física es la
unificación de ambas teorías,
una teoría que explique
conjuntamente las cuatro
fuerzas, y aquí es donde aparece
la Teoría supersimétrica de
cuerdas.
En la
Teoría de cuerdas,
los objetos básicos no son
partículas que ocupan un solo
punto en el espacio, sino
cuerdas unidimensionales.
Sus cabos pueden estar sueltos o
unidos, formando bucles
cerrados.
Tal como las cuerdas de un
violín, las de la teoría de
cuerdas presentan ciertas
figuras de vibración, o
frecuencias resonantes, cuyas
longitudes de onda se adaptan de
forma precisa en ambos extremos.
Pero así como las diferentes
frecuencias resonantes de un
violín dan origen a diferentes
notas musicales,
las diferentes oscilaciones de
una cuerda dan lugar a
diferentes masas y cargas de
fuerza, que son interpretadas
como partículas fundamentales.
En grandes líneas, cuanto menor
es la longitud de onda de la
oscilación, mayor es la masa de
la partícula correspondiente.
Según esta teoría, todo lo que
existe en el Universo está
formado por unas cuerdas
vibrantes infinitesimalmente
pequeñas. Estas cuerdas, 100
trillones de veces más pequeñas
que un protón, vibran. Y cada
modo de vibración corresponde
con una partícula distinta.
Esta teoría tiene hoy en día una
versión más elaborada, llamada
Teoría M, que afirma que
existen 11 dimensiones.
Fuente: El Universo en una
cáscara de nuez - S.Hawking
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El túnel es una obra en la que
abunda el pesimismo en cada dialogo o pensamiento de los personajes.
El túnel, como denomina Sábato a su libro, es lo oscuro del alma, lo que
el hombre pretende conocer como a la verdad.
El miedo que posee Castel, se debe a la angustia permanente. Su vida es
un paisaje de infelicidad que ejemplifica al hombre de este tiempo en
estado agónico entre la razón y los sentimientos.
En El túnel Sábato nos manifiesta, a través de la conciencia de Castel,
que no hay esperanzas, que es imposible alcanzar el amor absoluto a
nivel humano.
En esta novela, el autor relata la historia de un pintor que se
enloquece, debido a la imposibilidad de comunicarse, incluso con la
única mujer que había llegado a comprenderlo a través de la pintura:
María Iribarne.
El relato en primera persona lo lleva Castel desde la cárcel, en donde
se encuentra después de haber matado a la única persona que había
entendido el mensaje de desolación implícito en su pintura. Desde ese
presente organiza sus recuerdos a partir de que conoció a la mujer que
cambió su vida, con la intención de explicar las causas que lo llevaron
a tomar la determinación del crimen., como única solución ante el
fracaso de su búsqueda. En ese pasado que él recuerda, ocurren numerosos
entrecruzamientos de recuerdos que surgen por la asociación de ideas.
Es una novela subjetiva, ya que sólo conocemos de las personas y los
hechos, aquello que entra dentro de la experiencia del narrador.
Asimismo, el narrador es una persona ambigua, conflictuada por su
conciencia y por lo tanto, su realidad tiene estas mismas
características.
Castel expresa en sus actos una marcada paranoia y una obsesiva
tendencia a enfrentar las situaciones actuando de una manera diferente a
la del común de la sociedad. Como consecuencia directa de este punto de
vista, Castel se autorrecrimina constantemente y se deja llevar por sus
sentidos. Todo esto, provoca en su espíritu esos atormentados
pensamientos que lo aíslan cada vez más de la sociedad. Su soledad es
producto de su inestable relación con el mundo.
Sábato enfatiza en El túnel la desesperanza, la incomunicación y la
soledad del hombre. La desesperanza de Castel arrasa con toda la
humanidad y hasta con su propia vida. A partir de su fracaso de obtener
un amor verdadero con María, sin cosas que ocultar ni engaño alguno,
comienza a agredir a su ser amado y a él mismo, con tal insistencia que
podría considerarse patológico; junto a esta actitud poco etica, y hasta
demente, su fortaleza se derrumba, sin esperanzas de recobrarla. María
es la única que alcanza a comprender el misterioso mensaje que encierran
los símbolos de Castel, por ejemplo el expresado en aquella escena de la
ventanita, que es su único sentimiento de esperanza; sin embargo, la
desesperanza se arraiga en el protagonista a lo largo de su obsesiva
carrera por atrapar y poseer totalmente a María.
Nada puede salvar a Castel; al final sólo le queda la trágica certeza en
su mente paranoica de que la comunicacion total y absoluta no es
posible, de que no hay túneles paralelos que se encuentran, sino de que
en todo caso había un solo túnel oscuro y solitario: el mío, el túnel en
el que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida.
El Existencialismo alcanzó su mayor auge a partir de los años 30 y dejó
su honda huella durante varias décadas en gran parte de la cultura
occidental, y es por ello por lo que seguramente influyó en Sábato,
quien en 1948 publicó su primera novela: El túnel.
A través de El túnel , Sábato expone su pensamiento, sus ideas y sus
sentimientos; y evidencia sus influencias existencialistas expresándolas
por medio del pensamiento de Juan Pablo Castel, el protagonista de la
novela, quien a lo largo de todo el libro corrobora su angustia por los
conflictos esenciales y trascendentales de la existencia humana y
remarca sus inquietudes metafísicas, éticas y gnoseológicas.
A su vez, Sábato es consecuente con la problemática desu tiempo, pues
permite apreciar las carencias y los conflictos individuales y
colectivos de una sociedad urbana que atravesaba una crisis espiritual,
y que sufría por los constantes conflictos sociales e históricos
causados en gran medida por el auge del capitalismo y que más tarde
provocaron la deshumanización y promovieron el individualismo. Esto
último dificultó más la existencia y provocó que los seres humanos se
sumieran en la incomunicación y por ende en la soledad profunda. A lo
largo de toda la novela, Castel hace constantes referencias a ese
sentirse solo entre las multitudes.
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BALADA DE LA
CÁRCEL DE READING
Traducción de
E. Caracciolo Trejo
Oscar Wilde, Poemas -2oo1 -Ediciones Colección de poesía
RÍO NUEVO/XXVI
Barcelona, España
BALADA DE
LA CÁRCEL DE READING
A la memoria de C. T. W.
antiguo soldado de la Guardia Real de Caballería.
Muerto en el Presidio de Reading, Berkshire, 7 de julio de
1896:
I
No vistió su chaqueta escarlata
porque el vino y la sangre ya son rojos,
y sangre y vino había en sus manos
cuando lo hallaron con la muerta,
la pobre que él amó
y a quien en su lecho asesinara.
Caminó entre los jueces
vistiendo el gris raído
con gorra en la cabeza
y paso alegre y leve.
Pero jamás vi a nadie que mirara el día
con igual ansiedad.
Jamás vi a nadie que mirara
con ojos tan ansiosos
la pequeña tienda azul
que los presos llaman cielo,
y a cada nube fugitiva
que cruzaba con velamen de plata.
Confinado
en otros patios con otras almas
en pena me preguntaba
si había hecho algo grande
o algo insignificante,
cuando una voz me susurró al oído
«ese hombre va a la horca».
¡Cristo! Los muros de la prisión
de pronto parecían tambalearse
y sobre mi cabeza era el cielo
un casco de quemante acero.
Y aunque era yo un alma en pena,
mi pena sentir no podía.
Supe qué pensamiento perseguido
su paso apresuraba; supe por qué
miraba el día brillante
con ojos tan ansiosos.
Había matado aquello que él amaba
y tenía que morir.
* * * * *
Y sin embargo, cada hombre mata lo que ama.
Que todos oigan esto:
unos lo hacen con mirada torva
otros con la palabra halagadora;
el cobarde lo hace con un beso,
con la espada el valiente.
Matan algunos el amor de joven
y otros cuando viejos;
estrangulan algunos con manos de lujuria,
otros con manos de oro:
el más amable usa el puñal
para que el frío llegue antes.
Aman
algunos poco tiempo, largamente otros.
Hay quienes compran y también quienes venden.
El acto es cometido a veces en el llanto
y otras sin un suspiro.
Pues todos matan lo que aman;
pero no todos mueren.
No muere una muerte de vergüenza
un día de desgracia oscura;
ni nudo al cuello en la garganta lleva
ni paño sobre el rostro;
ni caen los pies primero por el piso
al espacio vacío.
* * * * *
No se sienta con hombres silenciosos
que lo vigilan noche y día,
que lo vigilan cuando busca el llanto
y también cuando busca la plegaria.
Que lo vigilan; no sea que él mismo robe
de la prisión la presa.
No se despierta al alba para ver
formas temibles en tropel por la celda:
el aterido Capellán en su túnica blanca,
el Alguacil adusto en su tristeza,
el Director en esplendente traje negro
y el amarillo rostro del Desastre.
No se apresura en prisa lamentable
a vestir el ropaje del convicto,
y un Doctor mordaz se regodea
notando el tic nervioso de cada pose nueva;
y en la mano un reloj cuyos tictacs
son como horribles golpes de martillo.
No conoce
la sed brutal que lija la garganta
antes de que el verdugo
se deslice con guantes de jardín
por la puerta acolchada,
y lo ate con tres correas para apagar por siempre
la sed de la garganta.
No baja la cabeza para oír
la lectura del oficio mortuorio,
mientras el temor de su alma
le dice que no está muerto;
ni se cruza con su propio ataúd
al acercarse al cobertizo horrible.
Ni mira fijamente el aire
por un techo de vidrio;
ni reza con labios de arcilla
porque termine su agonía;
ni siente en su mejilla vacilante
el beso de Caifás.
II
Seis semanas nuestro soldado dio vueltas
por el patio, vistiendo el gris raído,
con gorra en la cabeza
y paso alegre y leve.
Pero jamás vi a nadie que mirara
el día con igual ansiedad.
Jamás vi a nadie que mirara
con ojos tan ansiosos
la azul tienda pequeña
que llaman los presos cielo
y a cada nube arrastrando
sus enredados vellones.
No retorció
las manos como lo hacen
los necios que se atreven a alentar
a la Esperanza retadora
en la misma cueva oscura de la Desesperación:
Miró hacia el sol solamente
y bebió el aire matinal.
No retorció las manos ni lloró
ni miró furtivamente o languideció;
sino bebió el aire como si allí encontrara
saludable calmante;
la boca abierta bebió el sol
como si fuera vino!
Y yo y todas esas almas en pena
que caminaban en el otro patio
olvidamos si nosotros mismos
habíamos hecho algo grande o algo insignificante,
y contemplamos con asombro torpe
al hombre al que iban a colgar.
Pues era extraño verlo así pasar
con paso tan alegre y leve,
y extraño era verlo contemplar
con tal ansiedad el día.
Y pensar era también extraño
en esa deuda que pagar tenía.
* * * * *
El olmo, el roble tienen bellas hojas
que brotan en la primavera:
pero era horrible ver el árbol del cadalso
con la raíz mordida por las víboras,
y, verde o seco, debe morir un hombre
antes de dar su fruto.
El lugar
más exaltado es ese trono de gracia
al que aspira todo el mundo.
¿Pero quién se erguiría en correa de cáñamo
en el alto patíbulo y echaría
a través de collar asesino
su última mirada al cielo?
Dulce es bailar al ritmo de violines
cuando la vida y el amor son justos;
y extraño y delicado
al ritmo de laúdes y de flautas;
mas no hay dulzura cuando un ágil pie
baila en e aire.
Así, con curiosos ojos y aprehensión oscura
lo observamos día a día,
preguntándonos, si cada uno de nosotros
terminaría de manera igual,
pues nadie puede decir en qué Infierno rojo
su alma ciega extraviarse podría.
Por fin, el hombre muerto
cesó de caminar entre los Jueces,
y supe que estaba de pie
en el negro redil del acusado
y su rostro jamás vería otra vez
en bienestar o desastre.
Cual barcos condenados que en la tormenta se cruzan
nuestras rutas se habían encontrado:
no hicimos gesto alguno, no dijimos palabra,
y no había palabra que decir;
pues no nos encontramos en la noche sagrada
sino en día de vergüenza.
Un muro de prisión nos envolvía
y éramos dos parias;
nos arrojara el mundo de su corazón
y Dios de su cuidado:
la trampa de hierro nos había atrapado,
aquella que el Pecado siempre espera.
III
En el Patio de los Deudores
son duras las piedras, húmedo el alto muro,
y cuando tomaba el aire
bajo el cielo plomizo
a cada lado un guardia caminaba
para que el hombre no muriera.
A veces se sentaba con esos que guardaban
su angustia día y noche;
con quienes lo guardaban al llorar
y al arrodillarse para el rezo.
Con quienes lo guardaban, no sea que robara
la presa del patíbulo.
El Director era inflexible en aplicar
las disposiciones de la Ley;
el Doctor afirmó que la muerte
era un acto científico;
y dos veces al día lo visitaba el Capellán
y dejaba su pequeño folleto.
Y dos veces al día fumaba su pipa
y bebía su cuarto de cerveza;
su alma en actitud resuelta
no dejaba escondrijo para el miedo.
A menudo decía estar contento
de que el día del verdugo se acercara.
Pero por qué decía cosa tan extraña
ningún guardián osaba preguntar;
pues quien asume
la misión de guardián
debe sellar sus labios y transformar
en máscara su rostro.
De lo contrario, podría conmoverse,
podría tratar de dar consuelo:
¿Y qué podría lograr la Piedad Humana
acorralada en un Hoyo de Asesinos?
¿Qué palabra de gracia en tal lugar
podría ayudar el alma de un hermano?
* * * *
*
Cabizbajos por el ruedo
hicimos el Desfile de los Locos.
Nada nos importaba: sabíamos bien
que éramos la Brigada del Diablo,
y con cabeza rapada y pies de plomo
nos prestamos a la alegre mascarada.
Desgarramos la cuerda alquitranada
con uñas romas, sangrantes;
frotamos las puertas, fregamos los pisos
y pulimos los barrotes brillantes;
y madero tras madero el tablón jabonamos
entre el estruendo de los cubos.
Cosimos los sacos, rompimos las piedras
y trabajó el taladro polvoriento:
golpeamos las latas y gritamos los himnos,
y sudamos en el molino,
mas en el corazón de cada hombre
quieto yacía el terror.
Y se hallaba tan quieto que cada día
se arrastraba cual ola sofocada por algas;
y olvidamos nuestro destino amargo
que espera por igual a pillo o necio,
hasta que una vez, volviendo del trabajo con andar pesado
pasamos junto a una tumba abierta.
Con bostezo feroz el amarillo pozo
a bocanadas parecía pedir algo viviente
y aun el barro mismo clamaba por la sangre
al ruedo de sediento asfalto.
Sabíamos que antes que cierto alba aclarara
un preso habría de ser colgado.
Y entramos con el alma absorta
en Muerte y Sueño y Hado.
El verdugo con su valijita
arrastraba los pies en la penumbra;
yo temblaba, a tientas en camino
hacia mi tumba numerada.
* * * * *
Esa noche los vacíos corredores
se llenaban de formas del Temor,
y por toda la ciudad de hierro
había pasos furtivos que no oíamos
y a través de las barras que esconden las estrellas
parecían asomarse caras blancas.
Yacía como quien soñase
en prados placenteros.
Los guardias en custodia de su sueño
no podían comprender
que alguien durmiera ese sueño dulce
tan cerca de un verdugo.
Pero no hay sueño cuando debe haber llanto
en quien nunca ha llorado.
Y nosotros -el necio, el pillo, el impostor-,
quedamos en vigilia interminable,
y en cada seso en manos del dolor
el terror de otro hombre se insinuaba.
¡Ay, es algo tan terrible
sentir la culpa de otro!
La Espada del Pecado penetraba
hasta su empuñadura envenenada
y nuestras lágrimas eran de plomo derretido
pues la sangre no habíamos nosotros derramado.
Los guardias con calzado de felpa se acercaban
a cada puerta cerrada con candado
y atisbaban con ojos consternados
grises figuras en el suelo,
preguntándose por qué se arrodillaban a rezar
quienes jamás antes rezaran.
¡Rezamos toda la noche arrodillados,
insensatos dolientes de un cadáver!
Las agitadas plumas de medianoche
agitaron las plumas funerarias.
Y como el vino amargo de la esponja
era el sabor del arrepentimiento.
* * * * *
El gallo gris cantó, cantó el gallo rojo
mas el día no llegó:
formas torcidas del Terror se agazaparon
por los rincones donde yacíamos
y cada espíritu maligno que vaga por la noche
se nos aparecía.
Pasaban deslizándose, ligeros
cual viajeros en velo neblinoso;
se mofaban de la luna bailando
un rigodón de vueltas y pasos delicados,
y con ritmo formal y gracia repugnante
los fantasmas acudían a su cita.
Con mueca consternada los miramos pasar,
esbeltas sombras tomadas de la mano;
giraron y giraron en grupos fantasmales
y bailaron allí la lenta zarabanda:
¡Condenados grotescos hicieron arabescos
como el viento en la arena!
Y con piruetas como de marionetas
sus pasos afilados tropezaron;
llenaron los oídos con las flautas del Miedo
en esa horrible mascarada,
y a toda voz cantaron mucho tiempo
pues cantaban para despertar los muertos.
«¡Oh!», cantaban, «¡ancho es el mundo
pero cojean las extremidades aherrojadas!
Y tirar los dados una vez o dos veces,
es juego caballeresco
pero no gana jamás quien con el Pecado juega
en la secreta Casa de la Vergüenza.»
No eran cosas de aire esas bufonadas
que con tal júbilo retozaban
para hombres con vidas en grilletes,
cuyos pies jamás serían libres.
¡Ah! ¡Por las heridas de Cristo! Eran algo viviente
y algo horrible de ver
Girando y girando devanaron el vals,
dieron vueltas algunos en parejas sonrientes;
con el paso afectado de un viajante,
algunos se acercaron con sigilo al peldaño
y con burla sutil y mirar de malicioso servilismo
todos ayudaron a decir nuestras preces.
Comenzó su lamento el viento matinal
pero la noche continuó;
en su enorme telar la red de la tristeza
se extendió hasta que cada hebra fue hilada:
y al rezar, nuestro miedo creció
ante la justicia del sol.
Vagó con su lamento el viento
por los muros llorosos de la cárcel.
Hasta que como rueda de acero giratorio
sentimos los minutos que avanzaban a rastras:
¡oh, viento clamoroso! ¿Qué habíamos hecho
para merecer tal alguacil?
Al fin pude ver los barrotes sombreados
cual enrejado que forjado en plomo
se moviese por el muro blanqueado
frente a mi camastro de tablas
y supe que en un lugar del mundo
era roja el alba horrible de Dios.
Limpiamos nuestras celdas a las seis,
todo era calmo a las siete,
pero el susurro y el vaivén del viento
colmaba la prisión:
con su aliento helado el señor de la Muerte
había entrado a matar.
Y no pasó en purpúreo esplendor
ni montó corcel de blanco lunar.
Tres yardas de cuerda y un tablón
es lo que la horca necesita:
y así con cuerda de vergüenza el Heraldo llegó
a perpetrar la acción secreta.
Éramos como
hombres que a través de un pantano
de inmunda oscuridad a tientas van.
No osamos murmurar una plegaria
ni tampoco alentamos nuestra angustia,
algo muerto se encontraba en nosotros
y eso muerto era la Esperanza.
La justicia del hombre inexorable avanza
y no habrá de apartarse:
mata al débil, mata al fuerte
en mortífera zancada:
¡mata con taco de hierro
el monstruoso parricida!
Esperamos que sonaran las ocho.
Con la lengua hinchada por la sed
pues el octavo golpe era el Destino
que hace a un hombre maldito.
Y usará el Destino un nudo corredizo
para el hombre mejor y para el peor.
Nada teníamos que hacer,
sólo esperar que la señal llegara.
Así como piedras en valle solitario
mudos e inmóviles quedamos;
pero cada corazón latía agitado e intenso,
cual tambor de un demente.
En súbita conmoción el reloj de la prisión
golpeó el aire estremecido
y de toda la cárcel una queja se elevó
de impotente desespero.
Como el gemido que oyen pantanos asustados
de algún leproso en su cueva.
Y como quien ve algo horrible
en el cristal de un sueño,
vimos la soga de cáñamo grasiento
que montaba la viga ennegrecida
y escuchamos el rezo que el nudo del verdugo estrangulara
hasta que fuera un grito.
Y toda la aflicción lo conmoviera tanto
que soltó un grito amargo;
y los locos pesares, los sudores sangrientos
nadie los conocía como yo:
quien vive más de una vida
muere más de una muerte.
IV
No hay capilla esos días
cuando cuelgan a un hombre:
el corazón del Capellán está demasiado enfermo
o su rostro demasiado macilento,
o hay algo escrito en sus ojos
que nadie debería ver.
Así, nos tuvieron encerrados hasta casi el mediodía
y sonaron entonces. las campanas.
Los guardias con llaves tintineantes
abrieron cada celda atenta,
con estrépito bajamos la escalera de hierro
dejando cada uno su separado Infierno.
Salimos al dulce aire de Dios
mas no del modo acostumbrado,
pues este rostro estaba blanco de miedo
y aquél estaba gris;
jamás hombres tristes vi mirar el día .
con ansiedad igual.
Jamás hombres tristes vi
que miraran con ojos tan ansiosos
la azul tienda pequeña
que los presos llamamos cielo
y cada nube indiferente que pasaba
en libertad tan feliz.
Pero algunos de nosotros
que íbamos cabizbajos bien sabíamos
que habríamos elegido la muerte
si hubiéramos podido.
Mató él algo viviente,
ellos mataron lo que estaba muerto.
Pues quien peca una segunda vez
despierta un alma muerta al dolor,
sácala de su mortaja manchada
y hace que sangre otra vez,
la hace sangrar a borbotones
¡y hace que sangre en vano!
* * * * *
Como mono o payaso en atuendo monstruoso
y con flechas torcidas adornados
dimos vuelta tras vuelta silenciosos
por el asfalto resbaladizo del patio.
Silenciosos marchamos vuelta tras vuelta
y nadie pronunció palabra.
Marchamos silenciosos
y en cada mente vacía
el recuerdo de algo horrible
pasó como un vendaval
y el Horror acechaba a cada hombre
y detrás el Terror se arrastraba sigiloso.
* * * * *
Los guardias se pavoneaban en idas y venidas
cuidando sus rebaños de brutos;
llevaban uniformes impecables
o vestían los trajes de Domingo;
sabíamos dónde habían estado:
la cal viva manchaba sus zapatos.
Pues donde ancha sepultura antes se abriera
no quedaba más tumba.
Sólo un tramo de arena y barro
junto al horrible muro
y un cúmulo de cal ardiente
como su paño mortuorio.
Pues tiene una mortaja ese desafortunado
como muy pocos pueden reclamar:
en lo profundo, bajo el patio de una prisión,
desnudo, para mayor vergüenza,
yace con los pies aherrojados
envuelto en una sábana de llamas.
Y todo el tiempo la cal ardiente
devora carne y hueso,
devora frágiles huesos en la noche
y carne blanda de día;
alterna carne con hueso;
pero siempre devora el corazón.
* * * *
*
Tres largos años estarán sin sembrar,
sin plantar o cultivar allí;
y por tres largos años el lugar infeliz
será estéril, baldío,
y mirará el cielo perplejo,
con mirar sin reproche.
Piensan que
el corazón de un asesino infectaría
cada semilla inocente que plantaran.
¡No es verdad! La tierra bondadosa de Dios
es más generosa que lo que los hombres imaginan;
la rosa roja florecería más roja
y más blanca la blanca.
¡De su boca saldría una rosa muy roja
y de su corazón una muy blanca!
Pues, ¿quién puede decir de qué extraña manera
Cristo saca a la luz Su voluntad
desde que el cayado estéril que portó el peregrino
floreciera a la vista del gran Papa?
Pero ni a la nívea rosa blanca ni a la roja
es permitido florecer en el aire de la prisión;
pedazos de loza, guijarros, pedernal
es lo que aquí nos dan:
pues sabido es que las flores pueden restañar
del desaliento al común de las gentes.
Por eso, jamás la rosa roja ni la blanca
caerá pétalo a pétalo
en ese barro, esa arena
junto al horrible muro de la cárcel,
para decir a quienes dan pesadamente vuelta por el patio
que el Hijo de Dios murió por todos.
* * * *
*
Y, sin embargo, aunque el horrible muro
lo cerca por cada lado
y un espíritu no puede caminar de noche
cuando se halla aherrojado,
y puede sólo llorar cuando yace
en tierra no consagrada,
está en paz
-este hombre desgraciado-,
en paz, o pronto lo estará:
nada hay que ya pueda enloquecerle,
ni camina el Terror a mediodía
porque la tierra oscura en que yace
no tiene ni Sol ni Luna.
Como a bestia lo colgaron;
ni hubo siquiera un réquiem
que tal vez trajera paz
a su alma sobrecogida.
Apresuradamente lo sacaron
y lo escondieron en un hoyo.
Los guardias lo desnudaron,
lo entregaron a las moscas:
se mofaron de la garganta grana e inflamada,
y de los ojos que miraban rígidos.
Entre risotadas le echaron el sudario
en el que yace el convicto.
El Capellán no se arrodilló a rezar
junto a su tumba deshonrada:
ni la marcó con esa Cruz bendita
que Cristo dio a los pecadores,
pero era el hombre de aquéllos
por quienes Cristo descendiera.
Pero todo está bien; solamente ha llegado
hasta el límite que la vida ha fijado
y lágrimas extrañas llenarán para él
esa urna de piedad tanto tiempo destrozada.
Quienes por él están desconsolados serán parias
y los parias jamás hallan consuelo.
V
No sé si
son Leyes justas
o Leyes equivocadas;
sabemos quienes estamos en la cárcel
que el muro es muy poderoso,
y que cada jornada es como un año
de interminables días.
Pero hay algo que sé; sé que toda Ley
que los hombres han concebido para el Hombre,
desde que el primero quitara la vida al hermano
y así el triste mundo comenzara,
desecha el trigo y la paja retiene
con los aventadores más perversos.
Y esto también sé -y sabio sería
que todos lo supiéramos-
que cada prisión que los hombres erigen
está construida con ladrillos de vergüenza
y cercada con rejas no sea que Cristo pueda ver
cómo los hombre mutilan a sus hermanos.
Con barrotes ocultan la luna clemente
y ciegan el sol bienhechor:
y bien hacen escondiendo tal Infierno
pues allí se cometen tales actos
que ni Hijo de Dios ni hijo de hombre
jamás debería contemplar.
* * * * *
Los actos más viles, cual hierbas venenosas
crecen lozanos en el aire de la prisión.
Sólo aquello que en el hombre es bueno
allí se arruina y se marchita:
la pálida angustia guarda el pesado portal
y el guardián es la desesperación.
Hambrean al
niño aterrado
hasta que llora noche y día;
azotan al débil y flagelan al necio;
se mofan del viejo ceniciento
y algunos enloquecen, y todos se malogran
y nadie puede pronunciar palabra.
Cada celda angosta que habitamos
es una oscura letrina maloliente
y cada apertura que cierran las barras
es fétido aliento de Muerte viviente;
y todo, menos la lascivia, se reduce a polvo
en la máquina Humana.
El agua salobre que bebemos
lleva una baba nauseabunda
el pan amargo que en las balanzas pesan
está lleno de cal
y el sueño no se acuesta jamás, camina
con ojos desorbitados y llora al Tiempo.
* * * * *
Pero aunque el Hambre magro y la verde Sed
luchan como víbora con áspid,
poco nos interesa la pitanza carcelaria;
porque aquello que enfría y mata por completo
es que cada piedra levantada de día
se torna en corazón de noche.
Con la medianoche siempre en el corazón
y el crepúsculo en la celda
damos vuelta el manubrio o desgarramos la cuerda
cada uno en su Infierno separado.
Y es más terrible el silencio
que el estrépito de cínica campana.
Jamás se
acerca voz humana
para decir una palabra amable:
y el ojo que por la puerta espía
es duro, sin misericordia.
De todos olvidados nos pudrirnos
con cuerpo y alma mancillados.
De tal modo herrumbramos la cadena de la Vida,
solitaria, degradada,
Y algunos hombres maldicen y otros lloran;
los hay que no profieren lamento.
Pero la eterna Ley de Dios es bondadosa
y rompe también el corazón de piedra.
* * * *
*
Y todo corazón que se destruye
en la celda o en el patio de la prisión
es igual que esa caja destruida
que rindió sus tesoros al Señor
y que llenó la casa impura del leproso
con la fragancia del nardo más preciado.
¡Oh! Felices son los corazones que se rompen
y ganan la paz que da el perdón.
¿De qué otro modo puede el hombre ordenar su vida
y purificar su alma del Pecado?
¿Cómo si no por destrozado corazón
puede Cristo Señor hallar su ingreso?
* * * * *
Y aquél de la inflamada y púrpura garganta,
el de los ojos desorbitadas
aguarda las manos sagradas
que llevaron Ladrón al Paraíso.
Y un destrozado corazón contrito
el Señor no habrá de despreciar.
El hombre
que vestido de rojo lee la Ley
otorgóle tres semanas de vida,
tres semanas cortas solamente para restañar
su alma de todas sus contiendas
y limpiar de cada mancha de sangre
la mano que sostuvo el puñal.
Y con lágrimas de sangre limpió la mano
que sostuvo el acero,
pues tan sólo la sangre sangre limpia
y tan sólo las lágrimas restañan;
y aquella roja sangre que fuera de Caín
tornóse en níveo sello de Jesús.
VI
En la
Cárcel de Reading, junto a la ciudad de Reading
se encuentra un pozo de vergüenza
en el que yace un desgraciado
por dientes de fuego devorado.
Yace en mortaja llameante
y está su tumba sin nombre.
Y allí, hasta que Cristo llame a los muertos,
que en silencio descanse.
No es necesario gastar lágrimas necias
o entregarse a suspiros profundos:
el hombre había matado lo que amaba
y tenía que morir.
Y todos matan lo que aman,
que todos oigan esto;
algunos lo hacen con mirada torva
otros con la palabra halagadora,
el cobarde lo hace con un beso,
¡con la espada el valiente!
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