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Franz Peter Schubert
nació en
Viena (Austria) el 31 de enero de 1797.
Schubert
provenía de un hogar vienés de origen no germánico: su padre era
moravo, su madre provenía de Silesia (Polonia). Esta diversidad
de sus origenes tal vez puede explicar la riqueza y versatilidad
de su futura producción artística. Su padre, maestro y
violinista aficionado, le dio las primeras lecciones de violín.
Su hermano mayor, Ignaz Schubert, le enseñó a tocar el piano. El
pequeño demostró pronto grandes habilidades para la música, por
lo que a los ocho años fue confiado a Michaël Holzer, organista
de la parroquia de Lichtenthal.

Franz Schubert
Dibujado en su juventud
presuntamente por Schober
Con once años de edad (1808), gracias a sus dotes para el canto,
Schubert ingresó al coro de niños de la Capilla Imperial,
dirigida por el “Kapellmeister” de la corte Antonio Salieri
(1750-1825). Paralelamente fue inscripto en el “Stadtkonvikt”
(Convictorio Municipal), internado jesuita anexo a la
Universidad. Schubert se destacó en el Convictorio por sus dotes
excepcionales para la música, siendo violinista en la orquesta
de la institución. Sin embargo, no mostró la misma aplicación en
el resto de las materias generales y sobre todo sufrió la dura
vida del internado. Pero por otra parte, logró trabar numerosos
lazos de amistad que conservó en su edad adulta.
El maestro Antonio Salieri fue determinante en la carrera de
Schubert. Habiendo notado sus dotes musicales, primeramente lo
destinó al organista de la corte y profesor de armonía Wenzel
Ruzicka (1757-1823), y más tarde lo tomó como alumno propio.
Salieri aseguró a Schubert una sólida base de conocimientos,
aunque a comienzos de su carrera lo mantuvo alejado de las
innovaciones artísticas de su época (como la música de Beethoven,
por ejemplo).
Schubert comenzó a componer desde los doce años. De su período
en el internado se conservan unas ochenta obras de su autoría:
desde la “Fantasía en sol Mayor para piano a cuatro manos” D. 1,
a la “Sinfonía Nº 1 en re Mayor” D. 82, pasando por obras para
piano, diez cuartetos de cuerda, tríos, un octeto de vientos,
numerosas oberturas sinfónicas, danzas, piezas corales sacras,
un fragmento de ópera (“Der Spiegelritter”) y algunos Lieder.
Como su padre no quería que fuera compositor sino maestro,
Schubert se aprovisionaba secretamente de papel para sus
partituras con la ayuda de Joseph von Spaun (1788-1865), uno de
sus mejores amigos. El conflicto con su padre (que llegó a
expulsarlo del hogar) se mitigó después de la muerte de su
madre, ocurrida en 1812. Ese mismo año, Schubert cambiaba de
voz, por lo que no pudo continuar en el coro de la Capilla
Imperial. En el otoño de 1813, con dieciséis años, decidió
abandonar voluntariamente el Convictorio y dedicarse enteramente
a la composición. Sin embargo, a instancias de su padre, tomó un
breve curso en el Instituto Normal de Santa Ana, se graduó de
asistente de maestro en 1814 (evitando así el servicio militar),
y pasó a ayudar a su padre en la escuela primaria que éste
dirigía. Permaneció con desagrado en dicho puesto hasta 1818.
Sin embargo, ese fue uno de los períodos más importantes en su
carrera de compositor por el nivel y cantidad de las obras
producidas. En 1814 Schubert se enamoró de una joven cantante de
la parroquia de Lichtenthal, Theresa Grob, para la que escribió
su gran “Misa en fa Mayor” D. 105, para solistas, coro, orquesta
y órgano. La obra fue dirigida por el propio Schubert el 25 de
setiembre de ese año en la parroquia de Lichtenthal, y
probablemente gracias a la recomendación de Salieri, fue
repetida semanas más tarde en la Iglesia de los Agustinos. Poco
tiempo atrás, Schubert había terminado su primera ópera
completa, “Des Teufels Lustschloss” (un ambicioso “Singspiel” en
tres actos que no fue representado) y había recibido una fuerte
influencia estética al presenciar la versión definitiva de la
ópera “Fidelio” de Beethoven. Además de cinco cuartetos de
cuerdas que fueron intepretados en el ámbito doméstico, en
octubre de 1814 hizo pública su canción “Gretchen am Spinnrade”
(“Margarita en la rueca”) D. 118, considerada el nacimiento del
Lied romántico alemán. De 1815 data su “Sinfonía Nº 2 en si
bemol Mayor” D. 125.
Entre 1814 y 1815, Schubert siguió componiendo más de cien
Lieder para voz y piano, entre los que se destaca “Erlkönig”
(“El Rey de los alisos”) con texto de Johann Wolfgang von Goethe.
En 1816, por intermedio de von Spaun, envió a Goethe algunos
Lieder preguntándole por carta si aceptaba la dedicatoria de las
varias decenas que había compuesto con textos de este poeta.
Pero Goethe no respondió. En cambio, el círculo de los amigos de
Schubert (que se llamaban a sí mismos los “schubertianos”), e
incluso el organista Ruzicka habían acogido las obras con gran
entusiasmo y se preocuparon por hacerlas imprimir. Estos amigos
participaron, durante toda la vida del compositor, en
renombradas veladas musicales conocidas como “Schubertiaden” (“Schubertiadas”).
Desde 1816 el compositor recibió encargos de obras en
abundancia: uno de los primeros fue la cantata “Prometeo” D.
451, por la que recibió 100 florines (dos veces su salario
anual). Schubert consiguió así lo que Mozart y Beethoven, antes
que él, no habían logrado: vivir de la composición sin necesidad
de recurrir a la tarea de intérprete. Entre 1815 y 1816 había
compuesto asimismo otras cuatro óperas en alemán (“Singspiele”)
que sólo serían estrenadas en el siglo XX: “Der vierjährige
Posten”, “Claudine von Villa Bella”, “Die Freunde von Salamanka”,
“Die Bürgschaft”. De entre 1816 y 1817 datan sus sinfonías Nos.
3 al 5 (“Nº 3 en re Mayor” D. 200 , “Nº 4 en do menor, Trágica”
D. 417 y “Nº 5 en si bemol Mayor” D. 485). Sólo la “Sinfonía Nº
5”, de instrumentación voluntariamente simplificada, fue
interpretada en privado. A pesar de contar ya con un catálogo de
casi seiscientas obras, su primera composición impresa fue el
Lied “Am Erlafsee” D. 586, en el invierno de 1817.
En 1817 abandonó la casa paterna y se instaló junto a Franz von
Schober, su amigo más íntimo, a quien había conocido en 1815. En
casa de Schober conoció al barítono Michaël Vogl, quien
contribuyó a la difusión de sus Lieder en toda Austria. En 1816
había intentado conseguir sin éxito un puesto de profesor de
música en Liubliana. Finalmente, en la primavera de 1818 fue
contratado por el príncipe Johann-Karl Esterházy como profesor
de música de sus hijas Carolina y Maria en su residencia de
verano de Zseliz, Hungría (hoy: Zeliezovce, Eslovaquia). Dejó
Viena en julio de 1818 para regresar en 1819, pero sin retomar
su puesto de maestro de escuela. Entre tanto, su prometida
Theresa Grob había roto el compromiso en su ausencia.
El año 1817 fue muy fecundo en cuanto a la producción para
piano, con siete sonatas para ese instrumento. Ese año también
compuso dos de sus Lieder más conocidos,: “Die Forelle” (“La
Trucha”) D. 550 con texto de Christian Schubart; y “Der Tod und
das Mädchen” (“La Muerte y la Doncella”) D. 531, con texto de
Matthias Claudius. En cambio, ocupado en su tarea de maestro de
música y desalentado por el alejamiento de Theresa, durante 1818
sólo compuso pocas obras en comparación con los años anteriores
(piezas pianísticas para ilustrar sus lecciones, algunos Lieder,
un “Réquiem”). Por esa época se imponía en Viena la moda de la
ópera italiana, con Rossini a la cabeza. Schubert no escapó a
esta influencia, que se hizo notar en su “Sinfonía Nº 6 en do
Mayor” D. 589 (1817-1818), así como en las dos “Oberturas
sinfónicas” D. 590 y 591. Esta última fue la primera obra
sinfónica de Schubert interpretada en público, en mayo de 1818.
En 1819 Schubert se fijó en Viena, dejando su puesto en Zseliz.
A partir de allí y hasta su muerte, su situación económica sería
bastante precaria, dado su caracter descuidado y fantasioso. Sus
únicos ingresos regulares (aunque escasos) provenían de la
publicación de sus obras, sobre todo “Lieder”. Pero no dejó
nunca de rodearse de numerosos amigos. En el verano de 1820
Schubert visitó el castillo de Atzenbrugg en la Baja Austria,
administrado por un pariente de su amigo Schober. Las
“Schubertiadas” estivales de 1820 a 1822 tuvieron lugar en dicho
sitio.
Desde 1819 hasta 1823, se abre un período creativo en su carrera
de compositor caracterizado por un número muy significativo de
obras inconclusas en todos los géneros, que reflejan la búsqueda
interna de una madurez. Sin embargo, estos fragmentos inacabados
comprenden tal vez las páginas más ricas y emotivas de Schubert.
Estos años representan el pasaje del estilo clásico vienés al
estilo romántico: aquí Schubert se revela como un gran innovador
en materia formal, creando una estructura cíclica basada en
pequeñas células rítmicas elementales. Esta técnica había sido
experimentada ya por Mozart, Haydn y sobre todo Beethoven, pero
Schubert va a fundar en ella todas las grandes obras de su
madurez.
Las creaciones de ese período comprenden: la sinfonía “Nº 7 en
mi Mayor” D. 729; el “Quinteto en la Mayor” D. 667 (basado en el
Lied “La Trucha”), el “Cuarteto de cuerdas No. 12 en do menor”
D. 703 llamado “Quartettsatz", obras para piano a dos y cuatro
manos (sonatas Nos. 12 y 13, variaciones, danzas, la “Fantasía
Wanderer en do Mayor” D. 760), obras corales (entre ellas, su
único oratorio inconcluso: “Lazarus oder Die Feier der
Auferstehung”, “Lázaro o la Fiesta de la Resurrección” de 1820)
y unos setenta Lieder. Incluso las obras de este período
formalmente concluidas, caso de la “Missa Solemnis en la bemol
Mayor” D. 678, son obras marcadas por una génesis dificultosa:
esta Misa fue iniciada en 1819 y concluida en 1822.
Como todos los músicos de su época, Schubert se interesó por la
escena lírica. Pero de la docena de Singspiele que compuso,
solamente dos de ellos se estrenaron en vida del autor, y con
pocas representaciones: “Die Zwillingsbrüder” (“Los gemelos”, 14
de junio de 1820, Teatro Kärtnertor de Viena) y “Die Zauberharfe”
(“El arpa encantada”, 19 de agosto de 1820, Teatro an der Wien
de Viena). La obertura de este último Singspiel fue retomada en
la música de escena para una obra teatral de Helmina von Chezy:
“Rosamunde, Fürstin von Zypern” (“Rosamunda, Princesa de
Chipre”), estrenada sin éxito alguno el 20 de setiembre de 1823.
Estos fueron los únicos tres contactos de Schubert con el teatro
en vida: sus óperas se estrenarían mucho depués de su muerte.
Del invierno de 1821-1822 (después que Schubert quedara
impresionado con la ópera “Der Freischütz” de Karl Maria von
Weber) data una de sus composiciones líricas más recordadas,
“Alfonso und Estrella”, con libreto de su amigo Schober. Esta
ópera recién fue representada en Weimar en junio de 1854 a
iniciativa de Franz Liszt.
En 1823 se hicieron patentes los síntomas de una sífilis
contraída por Schubert. Ese año fue hospitalizado, siguiendo un
doloroso tratamiento y perdiendo el cabello. Ese mismo año
recibía los primeros reconocimientos públicos: los hermanos
Fröhlich, artistas y mecenas, le hicieron ingresar a la
Gesellschaft der Musikfreunde (“Sociedad de Amigos de la
Música”). En 1825 Schubert sería miembro suplente del comité
directivo, y miembro titular desde 1827: en sus últimos años, su
nombre fue el segundo en frecuencia en el repertorio de los
conciertos de esta sociedad, después del de Rossini. También en
la primavera de 1823 fue elegido miembro de la Sociedad Musical
de Graz, a la cual envió como agradecimiento los dos primeros
movimientos de una obra en la que estaba trabajando y que quedó
inacabada: la célebre “Sinfonía Nº 8 en si menor” D. 759
(conocida como la “Inconclusa”). Obra plenamente romántica por
su expresividad (Schubert pasaba por uno de sus momentos más
melancólicos), en ella se advierte la preocupación del autor por
alcanzar formas sinfónicas superiores, aplicando la estructura
cíclica de células melódicas. Otra obra importante de ese año es
el ciclo de Lieder “Die schöne Müllerin” (“La Bella Molinera”)
D. 795, sobre textos poéticos de Wilhelm Müller.
La vida de Scubert se dividió entonces entre la composición y
las “Schubertiadas”, renombradas veladas musicales que reunían a
sus numerosas amistades. De 1824 datan obras significativas: el
“Octeto en fa Mayor” D. 803, y los cuartetos de cuerdas “Nº 13
la menor” D. 804 (basado en temas de "Rosamunde") y “Nº 14 en re
menor” D. 810 (basado en el Lied “La Muerte y la Doncella”). En
una carta a su amigo Kupelwieser, Schubert declaró que había
compuesto estas obras instrumentales con el propósito principal
de “franquearse camino a la verdadera gran sinfonía”. Esa era,
pues, la finalidad que tenía en mente en esta etapa creadora de
su vida.
En la primavera de 1824 fue invitado nuevamente por los
Esterházy a Zseliz; en esos meses compuso la célebre “Sonata
para piano a cuatro manos en do Mayor” D. 812, publicada
póstumamente como “Gran Dúo en do Mayor”: las dimensiones casi
orquestales de la obra permitieron su posterior instrumentación
por otros compositores. En Zseliz se enamoró de Carolina
Esterházy, siendo al parecer correspondido por la joven
princesa; pero la enfermedad de Schubert y la distancia social
entre ambos impidieron concretar cualquier relación. Desde esa
época, los síntomas de Schubert se agravaron con fuertes dolores
de cabeza. Por añadidura, sus amigos fueron casándose y
alejándose paulatinamente, mientras él permanecía soltero. Desde
1824 Schubert se sumió en un estado de desesperanza.
De regreso en Viena, se alojó por algunos meses a la casa
paterna, mudándose después con su amigo Schwind. En el verano de
1825 el músico conoció buenos momentos, emprendiendo una gira de
recitales en compañía del cantante Michaël Vogl por la
Alta-Austria y el Tirol. Descansó además en Gmunden y Badgastein.
En esos reposos emprendió el proyecto de su anhelada “gran
sinfonía”: así nació la “Sinfonía Nº 9 en do Mayor, la Grande”
D. 944. El manuscrito de esta obra fue obsequiado en 1826 a la
“Gesellschaft der Musikfreunde” (“Sociedad de Amigos de la
Música”) de Viena. Sin embargo, la partitura fue fechada
(inexplicablemente) en marzo de 1828, lo que dio lugar a
discusiones entre los musicólogos y biógrafos de Schubert, en el
sentido de que la sinfonía obsequiada en 1826 era otra distinta
de la “Novena” y estaba supuestamente extraviada. En 1839,
Robert Schumann encontró una copia de la “Novena Sinfonía” en
posesión de Ferdinand Schubert, hermano del compositor, y la
hizo interpretar en Leipzig bajo la dirección de Felix
Mendelssohn. Las novedades instrumentales y formales de la obra
eran tales, que fue necesario el trascurso de casi un siglo para
imponerse en la conciencia musical del público, sobre todo fuera
de los países germanos. Se ha dicho que la “Novena Sinfonía” de
Schubert (en especial su “andante” central) es el antecedente
directo de la obra de Gustav Mahler (1860-1911) y piedra angular
de la literatura orquestal moderna.
De 1825 datan los “Cantos de Ellen” para voz y piano: la tercera
pieza (“Ellens Gesang III” D. 839) es conocida como el “Ave
Maria”, una de las composiciones más populares de Schubert. De
entre 1825 y 1826 datan cuatro sonatas para piano, Nos. 15 al
18, seguidas en 1827 por dos célebres series de “Impromptus”
para el mismo instrumento. Su último cuarteto de cuerdas (y tal
vez el más destacado), “Nº 15 en sol Mayor” D. 887, de sonoridad
inusitada por el empleo del trémolo, nació en junio de 1826. Un
único movimiento de este cuarteto fue escuchado en vida del
autor, en el famoso concierto público de sus obras que ofreció
el 26 de marzo de 1828 (aniversario de la muerte de Beethoven).
El programa comprendía, además de Lieder y obras corales, su
“Trío en mi bemol Mayor” D. 929.
A principios de 1828 la salud de Schubert estaba muy debilitada.
Poco tiempo antes, el puesto vacante de “Kapellmeister” de la
corte le había sido denegado. Con treinta y un años recién
cumplidos, el músico se acercaba a las mil composiciones. Sin
embargo, en los últimos meses de su vida aparecieron algunas de
sus obras más destacadas: los dos cuadernos de Lieder reunidos
en el ciclo “Winterreise” (“Viaje Invernal”) D. 911; los Lieder
sobre textos de Heinrich Heine, Ludwig Rellstab y Johann Gabriel
Seidl, reunidos en el ciclo “Schwanengesang” (“El Canto del
Cisne”) D. 957; el “Quinteto de do Mayor” D. 956; y obras para
piano: la “Fantasía para cuatro manos en fa menor” D. 940;
dedicada expresamente a Carolina Esterhazy (aunque según el
compositor, todas sus obras le estaban implícitamente
dedicadas); el “Gran Rondó para cuatro manos en la Mayor” D.
951; el “Allegro en la menor para cuatro manos” D. 947 (llamado
tradicionalmente “Lebensstürme”, “Tormentas de vida”) y las tres
sonatas Nos. 19 al 21, que se cuentan entre las más audaces e
intensas de su producción. Un último ensayo de obra sinfónica
tuvo lugar con la “Sinfonía en re Mayor” D. 936a, que aunque de
partitura inconclusa, es conocida como la “Décima Sinfonía” del
compositor.
Los nuevos ideales musicales de Schubert le plantearon
dificultades de técnica y escritura hacia sus últimos meses de
vida. Aunque había alcanzado la cima creativa entre sus
contemporáneos, con gran humildad decidió seguir un curso de
contrapunto con el profesor Simon Sechter (1788-1867) en la
segunda mitad de 1828. Pero sólo llegó a tomar una clase,
recibiendo algunos ejercicios como tarea domiciliaria. La última
composición catalogada de Schubert fue, pues, un ejercicio de
contrapunto. La salud de Schubert se deterioró bruscamente a
fines de octubre de 1828; su hermano Ferdinand lo recibió en su
casa de Viena para brindarle cuidados. Los médicos dictaminaron
tifus, pero otros estudios más modernos (basándose en la
ausencia de fiebre del compositor) sostienen que se trató de un
agravamiento de su sífilis. Franz Schubert fallecía en Viena el
19 de noviembre de 1828, a los treinta y un años de edad. Sus
restos fueron sepultados junto a los de Beethoven en el
cementerio de Währing, y trasladados en 1888 al Panteón de los
Artistas del Cementerio Central de Viena.

Schubert fue uno de los primeros músicos en encarnar el espíritu
del naciente Romanticismo, en lo que él tiene de individual,
intimista, emotivo. Pero contrariamente a la imagen
estereotipada del artista romántico (incomprendido,
desafortunado, ignorado), fue bien conocido entre sus
contemporáneos: su nombre y figura fueron populares en Viena.
Sin embargo, esta reputación no se fundó en absoluto en sus
composiciones consideradas hoy esenciales. La lista de sus obras
publicadas en vida no alcanza la centena, es decir, una décima
parte de su producción. Schubert no tuvo tampoco cabal
conciencia de estos valores. Cuando en febrero de 1828 escribió
a los editores alemanes Probst y Schott para que aceptaran
algunas de sus composiciones (que descartaron las más audaces),
Schubert se presentó diciendo que había compuesto solamente
hasta ese momento tres óperas, una misa y una sinfonía (cuando
en verdad llevaba más de novecientas obras en su haber). La mala
gestión de este caudal explica sus momentos de penuria: compuso
más para sus amigos que para vivir de su profesión.
La gloria de Schubert reposó sobre todo en su producción de
Lieder, y sólo tardíamente fue divulgada su obra sinfónica. Esto
se explica fácilmente: con más de seiscientos Lieder en su
catálogo, Schubert fue pronto considerado uno de los maestros
indiscutidos de este género. Conociendo bien los antecedentes
del Lied alemán (que arranca en la Edad Media), llevó esta forma
musical a un peso y un espectro temático desconocido hasta
entonces, haciéndolo pasar de ser un género secundario y
menospreciado a ser una de las manifestaciones musicales más
importantes del siglo XIX.

El Lied
se adaptaba mejor que cualquier otra forma musical a los ideales
románticos, por su intensa expresión emotiva de carácter
individual. Uno de los talentos de Schubert fue la selección de
los textos, que van desde la Biblia, Esquilo y Shakespeare,
pasando por Metastasio, Goethe y Schiller, hasta sus grandes
contemporáneos románticos, como Heine, Novalis y Walter Scott:
cada poesía le inspiró una partitura acorde. Su maestría en la
música vocal solista también se extendió a su producción coral,
mucho más rica que la de sus contemporáneos, más diversa, más
libre en forma e inventiva. En varias de sus composiciones
corales logró reconstruir atmósferas y trasmitir ideas más allá
de las palabras, prefigurando de este modo (en el género vocal)
los futuros “poemas sinfónicos” de la música decimonónica (v.
gr.: “Canto de los espíritus sobre las Aguas” D. 714, “Canción
nocturna en el Bosque” D. 913, etc.).
Pero Schubert descolló en varios géneros, y no sólo en el Lied.
Aunque se lo haya rotulado como el “epígono de Beethoven” (o el
“doble femenino” de este último, comparándolo con el
temperamento de Beethoven), lejos de ello, fue uno de los
músicos germanos más fecundos e innovadores. Llevó a la cumbre
tanto la música de cámara como la música sinfónica de su época,
así como la música coral religiosa. En cambio, no brilló en el
dominio escénico (su producción operística sigue siendo
menospreciada), y sólo compuso dos piezas concertantes para
violín (D. 345 y D. 580): no le interesaba el virtuosismo ni el
antagonismo ente un solista y un conjunto orquestal. Por el
contrario, su obra instrumental buscó siempre la
complementariedad entre los participantes: de allí que sus
formaciones instrumentales de cámara figuren entre las más
destacadas de la música occidental.
Fuente :
http://www.klassicaa.com


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