Haruki Murakami (村上
春樹 Murakami Haruki), nacido el 12 de
enero de 1949 en
Kioto, Japón, es un
conocido escritor y traductor japonés. Murakami
ha publicado varios best-sellers y colecciones
de cuentos.
A pesar de nacer en Kyoto,
vivió la mayor parte de su juventud en Kobe. Su
padre era hijo de un monje budista. Su madre era
hija de un mercader de Osaka. Ambos enseñaban
literatura japonesa.
Estudió literatura y drama griego en la
Universidad de Waseda (Soudai), en donde conoció
a su esposa Yoko. Su primer trabajo fue en una
tienda de discos (tal como uno de sus personajes
principales, Toru Watanabe de Norwegian Wood).
Antes de terminar sus estudios, Murakami abrió
el bar de jazz "Peter Cat (Gato Pedro)" en Tokyo,
que funcionó entre 1974 y 1982.
En 1986, tras el enorme éxito de su novela
Norwegian Wood, abandonó Japón para vivir en
Europa y América, pero regresó a Japón en 1995
tras el terremoto de Kobe, donde pasó su
infancia, y el ataque de gas sarín que la secta
Aum Shinrikyo (La Verdad Suprema) perpetró en el
metro de Tokio. Más tarde Murakami escribió
sobre ambos sucesos.
La ficción de Murakami, que a menudo es tachada
de literatura pop por las autoridades literarias
japonesas, es humorística y surreal, y al mismo
tiempo refleja la soledad y el ansia de amor en
un modo que conmueve a lectores tanto orientales
como occidentales. Cabe destacar la influencia
de los autores a los que ha traducido como
Raymond Carver, Francis Scott Fitzgerald,
Raymond Chandler o John Irving a los que
considera sus maestros.
Muchas novelas suyas tienen además temas y
títulos referidos a una canción en particular,
como Dance, Dance, Dance (de The Dells),
Norwegian Wood (los Beatles), y South of the
Border, West of the Sun (La primera parte es el
título de una canción de Nat King Cole). Esta
afición -la música- recorre toda su obra.
A finales del 2005, Murakami publicó una
colección de historias cortas llamada Tōkyō
Kitanshū (東京奇譚集, traducido libremente como
"Misterios Tokianos"). Recientemente ha
publicado una antología de historias cortas
llamada Historias de Cumpleaños, que incluye
historias de muchos escritores angloparlantes,
incluyendo una suya preparada especialmente.
Algunos
extratos
ねじまき鳥クロニクル
Magnífico
título. Después de “Tokio Blues” estaba
el listón muy alto; a pesar de ello
tenía puestas muchas expectativas en
esta novela. No me ha decepcionado, en
absoluto.
Tooru Okada es un joven que acaba de
dejar voluntariamente su trabajo, con
una vida normal, apacible y felizmente
casado con Kumiko.
Una llamada anónima de tono sexual, la
búsqueda de un gato desaparecido y la
posterior desaparición de Kumiko marcan
el inicio de esta historia. Empieza
entonces para Okada un proceso reflexivo
e introspectivo, con dudas, confusión,
búsqueda y gran conflicto interior,
donde los sueños se funden con la
realidad y en el que van apareciendo
historias paralelas y personajes
sorprendentes, cada vez más extraños. Un
cuñado indeseable, dos hermanas con
nombre de isla (Creta, Malta), un
superviviente de la segunda guerra
mundial, un guitarrista premonitorio e
impulsivo, unos misteriosos mecenas (Cinnamon
y Nutmeg), un investigador locuaz y
sobre todo, la impagable y entrañable
May Kasahara, (la vecina adolescente que
casi siempre inicia sus intervenciones
con la acertada frase “Pobre
señor–pájaro-que-da-cuerda-“).
El relato es misterioso y onírico, poco
convencional. Reflexivo y profundo, con
situaciones extrañas –muy extrañas- y
repleto de símbolos (una misteriosa casa
abandonada, un bate de béisbol, un
sombrero rojo de plástico, una mancha en
la mejilla, el pájaro que hace “ric ric”
y el trascendental pozo de las
reflexiones, entre otros). Ameno y
adictivo como pocos, atrapa desde la
primera página (lo he leído en un tiempo
record, llevando su peso -nada
desdeñable- a los lugares más
insospechados ansioso por adelantar
algunas páginas -aunque sólo fuera
durante cinco minutos-). Engancha… y
mucho.
Novela enigmática, maravillosa y super-recomendable,
díria que de lectura imprescindible.
Creo que hay que leerla a vista de
pájaro, dejando volar la imaginación y
sin intentar encontrar explicaciones
inmediatas a todo cuanto acontece.
Todavía le estoy dando vueltas a algunos
de sus entresijos y me asaltan dudas,
pero eso no tiene importancia; el viaje
por sus 681 páginas ha sido fascinante,
de los que dejan huella. Esto es
fantasía pura y Murakami es un artista:
"Desde una arboleda cercana llegaba el
chirrido regular de un pájaro, un ric-ric,
como si estuviera dándole cuerda a un
mecanismo. Nosotros hablábamos de él
como del pájaro-que-da-cuerda. Fue
Kumiko quien lo llamó así. No sé cuál es
su auténtico nombre. Tampoco sé cómo es.
Pero, se llame como se llame, sea como
sea, el pájaro-que-da-cuerda viene cada
día a la arboleda que hay cerca de casa
y le da cuerda a nuestro apacible y
pequeño mundo".
Crónica del pájaro que da cuerda al
mundo (fragmento)
" ¿Por qué me gustan las medusas? No lo
sé. Las encuentro bonitas. Antes,
mientras las miraba, he pensado una
cosa. Escucha, lo que nosotros vemos es
sólo una pequeña parte del mundo. Damos
por hecho que esto es el mundo, pero no
es del todo cierto. El verdadero mundo
está en un lugar más oscuro, más
profundo, y en su mayor parte lo ocupan
criaturas como las medusas. Eso nosotros
lo olvidamos. ¿No te parece? Dos
terceras partes del planeta son océanos
y lo que nosotros podemos ver con
nuestros ojos no pasa de ser la
superficie del mar, la piel. De lo que
verdaderamente hay debajo no sabemos
nada. "
" En las casas antiguas, por el
contrario, apenas se apreciaba algún
signo de vida. En el seto, a modo de
biombo, se distribuían con habilidad
diferentes tipos de arbustos y por los
intersticios podían verse amplios
jardines bien cuidados.
En el rincón de un patio trasero había
un solitario árbol de Navidad, seco y de
color marrón. En otro jardín se
amontonaban juguetes infantiles,
revelación de infancias ya pasadas de
varias personas. Un triciclo, un juego
de aros, una espada de plástico, una
pelota de goma, una tortuga de juguete,
un pequeño bate de béisbol… Había un
jardín donde habían instalado una
canasta de baloncesto, otro con unas
preciosas sillas de jardín alrededor de
una mesa de cerámica. Aquellas sillas
blancas llevaban aparentemente meses
(quizás años) sin usarse y estaban
cubiertas de tierra. Encima de la mesa,
arrastrados y adheridos por la lluvia,
unos pétalos de magnolia de color
carmesí.
En otra casa, a través de una puerta
corredera con el marco de aluminio,
podía verse de una sola mirada toda la
sala de estar. Había un tresillo de
cuero, un televisor de grandes
dimensiones, un aparador (y encima una
pecera con peces tropicales y dos
trofeos) y una lámpara de pie de diseño.
Parecía el decorado de una telenovela.
También había un jardín con una caseta
enorme para un perro grande, pero el
perro no se veía por ningún lado y la
puerta estaba abierta de par en par. La
tela metálica de la puerta estaba
abombada, como si alguien llevara meses
descargando todo su peso contra ella
desde el interior.
La casa abandonada de la que hablaba
Kumiko se encontraba un poco más allá de
la casa de la perrera. Comprendí al
primer golpe de vista que la casa estaba
deshabitada. Y que no llevaba vacía
precisamente unos dos o tres meses. Era
una casa de dos plantas bastante
moderna, pero los cerrojos de las
contraventanas, cerradas a cal y canto,
estaban oxidados y sobre la barandilla
de las ventanas del primer piso se
extendía una pátina de herrumbre rojiza.
En el pequeño jardín se erguía una
estatua de piedra de un pájaro con las
alas extendidas. La estatua se apoyaba
sobre un pedestal que de alto alcanzaba
el pecho de una persona, a su alrededor
crecían frondosos los hierbajos, y las
puntas de los
tallos de vara de oro que eran
especialmente altos llegaban a tocar los
pies del pájaro. Éste -aunque no sé qué
tipo de pájaro debía de ser-aparecía con
las alas desplegadas como si, de un
momento a otro, fuera a levantar el
vuelo en aquel jardín inhóspito. Aparte
de aquella estatua no había otro adorno
en el jardín. Frente a la casa se
amontonaban algunas sillas de plástico
de aspecto anticuado y, a su lado, una
azalea mostraba sus flores de un
brillante color rojo extrañamente
irreal. Y hierbajos.
Me apoyé contra la verja que me llegaba
hasta el pecho y contemplé el jardín
unos instantes. Era en efecto el tipo de
jardín que gusta a los gatos, pero no se
veía ninguno por ninguna parte. Encima
del tejado, una paloma posada en la
antena de televisión proyectaba su
arrullo monótono sobre aquella escena.
La sombra del pájaro de piedra caía
sobre los hierbajos que crecían
exuberantes a su alrededor.
Saqué un caramelo de limón del bolsillo,
lo desenvolví y me lo metí en la boca.
Había aprovechado la ocasión de dejar el
trabajo como pretexto para dejar de
fumar y, desde entonces, a cambio, no
podía vivir sin tener a mano un caramelo
de limón. «Eres un caramelo-adicto», me
decía mi mujer. «Se te van a llenar los
dientes de caries.» Pero yo no podía
dejar de chupar caramelos de limón.
Mientras contemplaba el jardín, la
paloma siguió posada en la antena
arrullando en un idéntico tono regular,
como un oficinista que fuera estampando
un número en cada una de las hojas de un
talonario. No sé cuánto tiempo estuve
apoyado contra la verja. Recuerdo haber
tirado el caramelo al suelo a medio
chupar, cuando ya había dejado todo su
dulzor en mi boca. Dirigí de nuevo la
mirada hacia el lugar donde se
proyectaba la sombra del pájaro de
piedra. Y entonces me pareció oír una
voz a mis espaldas que me llamaba.
Al volverme vi a una jovencita de pie en
el patio trasero de la casa de enfrente.
Era baja de estatura e iba peinada con
una coleta. Llevaba gafas de sol oscuras
con la montura de color caramelo y
vestía una camisa sin mangas de color
azul celeste. Pese a no haber terminado
aún la estación de las lluvias, sus
delgados brazos desnudos mostraban un
bronceado uniforme y bonito. Tenía una
mano metida en el bolsillo de los
pantalones cortos y la otra apoyada
sobre el portillo de bambú que le
llegaba hasta la cintura, manteniendo de
este modo un precario equilibrio. Entre
ella y yo había una distancia de
aproximadamente un metro.
-¡Uf! ¡Qué calor! -exclamó la chica.
-Sí, desde luego -dije yo."
Perdidos
en la inmensa metrópoli de Tokio, tres
personas se buscan desesperadamente
intentando romper el eterno viaje
circular de la soledad; un viaje
parecido al del satélite ruso Sputnik,
donde la perra Laika giraba alrededor de
la Tierra y dirigía su atónita mirada
hacia el espacio infinito. El narrador,
un joven profesor de primaria, está
enamorado de Sumire, a quien conoció en
la universidad. Pero Sumire tiene una
única obsesión: ser novelista; además se
considera la última rebelde, viste como
un muchacho, fuma como un carretero y
rechaza toda convención moral. Un buen
día, Sumire conoce a Myû en una boda,
una mujer casada de mediana edad tan
hermosa como enigmática, y se enamora
apasionadamente de ella. Myû contrata a
Sumire como secretaria y juntas
emprenden un viaje de negocios por
Europa que tendrá un enigmático final.
El narrador (¿no tiene nombre?) y Sumire
son muy buenos amigos. Él está
secretamente enamorado de élla. Ella
pretende ser escritora. En una boda,
Sumire conoce a Myû y se enamora
locamente de élla:
“Si, estoy enamorada de ella, se
convenció Sumire. Sin duda alguna (el
hielo es, al fin y al cabo frío, y la
rosa es, al fin y al cabo, roja). Y este
amor me conducirá a algún sitio. No
puedo impedir que esta fuerte corriente
me arrastre. Ya no tengo elección. Tal
vez me lleve a un mundo especial que
jamás he conocido. A un lugar lleno de
peligros, quizá. Donde se esconda algo
que me inflija una herida profunda,
mortal. Tal vez pierda todo lo que
poseo. Pero ya no puedo volver atrás.
Sólo puedo abandonarme a la corriente
que discurre ante mis ojos. Aunque me
consuma entre las llamas, aunque
desaparezca para siempre."
Premonitorio. Ahí empieza un conflictivo
viaje a través de las tres diferentes
personalidades. Cotidiano en su inicio y
misterioso en su brillante desarrollo,
adquiriendo profundidad conforme avanzan
sus 246 páginas, siendo los sentimientos
(soledad, amor, tristeza) los verdaderos
protagonistas y sobretodo, la confusión:
"Aquella mujer amaba a Sumire. Pero no
podía sentir por ella deseo sexual.
Sumire amaba a aquella mujer, y además,
la deseaba. Yo amaba a Sumire y la
deseaba. Sumire me quería pero no me
amaba ni me deseaba. Yo podía sentir
deseo por otras mujeres sin nombre, pero
no las amaba. Era todo muy complicado."
Novela enigmática, con pasajes oníricos
y fuerte simbología. Se lee de un tirón
y te mantiene expectante pero tiene un
final demasiado abierto, que me deja
entre la frustrante sensación de que me
he perdido algo o la certeza de que
Murakami me ha dejado plantado. Ligera
decepción en ese sentido. Buen libro en
cualquier caso.
Kafka en
la orilla 海辺のカフカ
Kafka Tamura se va de casa el día en que
cumple quince años. La razón, si es que
la hay, son las malas relaciones con su
padre, un escultor famoso convencido de
que su hijo habrá de repetir el aciago
sino del Edipo de la tragedia clásica, y
la sensación de vacío producida por la
ausencia de su madre y su hermana, a
quienes apenas recuerda porque también
se marcharon de casa cuando era muy
pequeño. El azar, o el destino, le
llevarán al sur del país, a Takamatsu,
donde encontrará refugio en una peculiar
biblioteca y conocerá a una misteriosa
mujer mayor, tan mayor que podría ser su
madre, llamada Saeki.
Si sobre la vida de Kafka se cierne la
tragedia (en el sentido clásico), sobre
la de Satoru Nakata ya se ha abatido (en
el sentido real): de niño, durante la
segunda guerra mundial, sufrió un
extraño accidente que lo marcaría de por
vida. En una excursión escolar por el
bosque, él y sus compañeros cayeron en
coma; pero sólo Nakata salió con
secuelas, sumido en una especie de
olvido de sí, con dificultades para
expresarse y comunicarse... salvo con
los gatos. A los sesenta años, pobre y
solitario, abandona Tokio tras un oscuro
incidente y emprende un viaje que le
llevará a la biblioteca de Takamatsu.
Vidas y destinos se van entretejiendo en
un curso inexorable que no atiende a
razones ni voluntades. Pero a veces
hasta los oráculos se equivocan.
Tokio blues (Norwegian
Wood)
Tokio blues, Norwegian wood (ノルウェーの森 Noruuei no mori)
(1987),narra la historia de Watanabe, un ejecutivo que, al
aterrizar en un aeropuerto en Alemania, escucha la melodía
instrumental de Norwegian Wood, una famosa canción de los
Beatles, que le arranca las lágrimas y lo remonta a su juventud,
en los años sesenta, recordando así sus relaciones con Naoko,
una joven que padece de desestabilidad emocional y que ha debido
ser recluida en una institución; y con Midori, una chica más
abierta y dinámica, de la cual se enamora, pero con culpabilidad
por Naoko.
Tokio Blues es una historia que nos muestra el
crecimiento emocional de Watanabe, al tiempo que es otro intento
por reflejar la constante búsqueda de la felicidad del ser
humano, y la incapacidad de algunos de conseguirla, anclados a
recuerdos o a eventos del pasado, a menudo inintencionadamente.
Comentarios de
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Viene Haruki
Murakami
La traducción francesa de su último libro saldrá a la venta el
23 de enero en Francia, pero los diarios franceses (Liberation,
Le Figaro) hicieron como si los Reyes hubiesen traído las
reseñas: ya lo han dicho todo sobre “Kafka sur le rivage” (Ubime
no Kafka en japonés fonético, Kafka en la orilla), la novela del
escritor japonés Haruki Murakami. Síntomas como estos no se
pueden ignorar. Cuando existe una competencia por ser el primero
en hablar de un libro en la prensa francesa, se entiende que la
calidad del libro ya no cuenta frente al temor de los
periodistas de quedar apartado de un éxito anunciado.
Y no se trata solo de Francia. Hay una fiebre Murakami en todas
partes: viajando en los últimos meses, he visto en España,
Argentina, Chile, Venezuela, Reino Unido, EE UU que sus libros
ocupan el mejor sitio en las librerías. Sobre todo el que se
titula en Japonés “Norvegian Wood”. El título es robado a la
canción de los Beatles pero la novela se llama en español, de
manera extraña, “Tokio blues”. Es una hazaña de la casa
editorial Tusquets que cambió un título en inglés por otro
también en inglés fingiendo hacer una traducción al castellano…
Ahora bien, hablamos de Haruki Murakami. Es el autor que viene,
amenazado por el disgusto que provoca el exceso de promoción.
Hace años que compruebo cómo crece el espacio dedicado a sus
novelas en las tiendas. Me pareció francamente espantoso el
artículo que publicó The Guardian, el 26 de Mayo del 2001
diciendo que tarde o temprano el novelista tendría que conseguir
el premio Nobel de literatura. Creo que fue el primero en hacer
este pronóstico. Y en esta maldita fecha, ya sabía que lo de
Murakami era un secreto compartido por tantos lectores que no se
podría mantener más la cofradía secreta de sus seguidores.
Ahora, lo dice hasta el suplemento de libros que más influencia
tiene en el mundo editorial: “Kafka en la orilla” fue uno de los
diez libros del año 2005 según The New York Times. Salió primero
en la lista.
Todo parece listo para que un escritor reacio a la publicidad,
que mantiene una triple carrera de novelista, cuentista y
traductor, sea aplastado por la comunicación y el eco de su
fama. Es una lástima pues Haruki Murakami más allá de este ruido
que ya viene llegando, es unas de las voces que nunca se
olvidan. No puedo decir nada más: viene Haruki Murakami y con
tanta potencia que tendremos una dificultad muy grande para
evaluar su mérito real
Comentarios
He
tenido la oportunidad de
leer tres libros de
Haruki Murakami y mi
opinión respecto al
autor ha enfadado a más
de uno: su obra es el
"animé" de la
literatura.
En lo personal, yo sí
pienso que su trabajo
está muy inflado por la
fama... Insisto, es el
autor de "animé" de la
literatura. Quien piense
lo contrario, creo yo,
no le ha dado el valor
suficiente a otras
variedades de arte, como
la caricatura.
Publicado por: Sergio García
| 11/01/2006 6:01:09
Haruki Murakami, me ha
inquietado. Me ha dejado
sin poder domir. Hay
algo en sus lineas, en
su modo de escribir con
una aparente
indiferencia, desidía,
que provoca, y obliga al
lector que busca algo
más que una buena
historia, a
seguir...pero ahora con
un doble rol, buscándose
a si mismo en lo que
queda del relato.
Recomiendo especialmente
en "Sputnik...", cuando
la protagonista describe
la noche que queda
atrapada en la rueda de
la fortuna. Asimismo, en
"Crónica de un
Pájaro...", la necesidad
de entender qué ha
sucedido, intruciéndose
varias horas en un pozo
seco. Y en "La Caza del
carnero...", las
conversaciones sobre el
tiempo y esta búsqueda
por un carnero iniciada
en el Hotel del Delfín.
Les deseo a quienes aun
no lo leen, encuentren
el misterio que me
revela Murakami
En lo personal, yo sí pienso que su trabajo está muy inflado por la fama... Insisto, es el autor de "animé" de la literatura. Quien piense lo contrario, creo yo, no le ha dado el valor suficiente a otras variedades de arte, como la caricatura.
Publicado por: Sergio García | 11/01/2006 6:01:09
Recomiendo especialmente en "Sputnik...", cuando la protagonista describe la noche que queda atrapada en la rueda de la fortuna. Asimismo, en "Crónica de un Pájaro...", la necesidad de entender qué ha sucedido, intruciéndose varias horas en un pozo seco. Y en "La Caza del carnero...", las conversaciones sobre el tiempo y esta búsqueda por un carnero iniciada en el Hotel del Delfín.
Les deseo a quienes aun no lo leen, encuentren el misterio que me revela Murakami